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La historia del pintalabios

de paseo por el pasado / Secciones Revista Pin Up Hoy / Sin categoría / 30 enero, 2017

¿Nunca os habéis parado a pensar en la historia de los objetos que usáis a diario? Yo os tengo que reconocer que a menudo me quedo mirando y pensando el inicio de todo… ¿Quien fue el primero en pensar en hacer un objeto así? ¿De dónde salió la idea, como la llevó a cabo y con que materiales? ¿Cómo introdujo ese elemento en la so- ciedad, mercado de la época? ¿Cuando pasó a ser un objeto utilizado a nivel mundial? Infinidad de preguntas me surgen y me provocan una curiosidad imparable… Por eso quiero empezar mi paseo por el pasado contando la historia del maquillaje y, en concreto,  la historia del pintalabios, un objeto indispensable en mi vida diaria (y me imagino que en la de muchas y muchos), que tiene su punto de origen mucho mas lejano de lo que habríamos pensado.

La historia del pintalabios

 

Empezamos nuestro camino en la antigua Mesopotamia (sobre el año 5.000 a.c). Desde esta antigua civilización, nos llega la primera constan- cia de la utilización de color en los labios y la creación de una especie de pigmento que utilizaban las mujeres de la época.

Esta pasta la creaban con piedras semipreciosas que trituraban, creando una masilla que utilizaban tanto en labios como en los ojos. Posteriormente esta costumbre la copiaron en el año 3.000 a.c en la anti- gua India, donde las mujeres se pintaban los labios en tonos rojizos para darles mayor carnosidad.

Para ello, utilizaban una mez- cla de arcilla roja, algas y hen- na consiguiendo un tinte rojizo tirando a ocre muy favorecedor con su tono de piel y cabello oscuro.

“Para las mujeres y hombres egipcios, maquillarse era una absoluta obligación.”

Pero realmente, cuando podemos decir que el mundo de la cosmética dio un gran paso adelante, fue en el antiguo Egipto (en el año 4.000 a.c). Todos sabemos lo adelantada que estaba esta sociedad, a nivel higiene personal por ejem- plo fueron las primeras mujeres que utilizaron tampones realizados con papiros enrollados (en otro número hablaremos de ello porque es muy interesante) y en lo que nos concierne a la cosmética, resulta fascinante ver el inicio de muchos pro- ductos que hoy en día utilizamos y la importancia de ellos en su sociedad.

Para las mujeres y hombres egipcios, maquillarse era una absoluta obligación. Toda mujer y hombre que se preciase llevaba la cara, incluso la piel maquillada con colores como el negro, el dorado y el bermellón.

Si que es cierto, que la base de los productos utilizados eran muy peligrosos ya que muchos de los componentes eran y son tóxicos. Muchas de la sustan- cias eran vegetales, pero estaban mezcladas con sulfuro rojo de mercurio, por ejemplo, lo que acababa acarreando mu- chas intoxicaciones.

La propia Cleopatra, utilizaba como labial un pigmento rojo oscuro sacado de escarabajos aplastados y huevos de hormigas. Además, se sabe que si quería darle un toque de brillo, utilizaba un a esencia de perlas que se encontraba en las escamas de los peces.

Para los egipcios era tan importante este tipo de productos que en muchas de las tumbas excavadas, como la de Tutankamón por ejemplo, apa- recieron pequeños frascos con pintura, seguramente para su vida posterior, para poder arre- glarse y pintarse en ella.

Dando un salto en el tiempo y pasando a la Antigua Grecia, año 1.200 a.c, toda esta evolución dentro del mundo de la cosmética, dio un salto social hacia atrás.

En esta época, solo las prostitutas eran las que se pintaban mientras que las mujeres “res- petables” se dejaban la cara desnuda. Esta diferenciación de género social era tan es- tricta, que se estableció inclu- so una ley, para evitar que los hombres confundiesen lo que era una señora de una prosti- tuta.
Para ello, era obligatorio que las cortesanas se pintasen los labios, la cara y solo estuviesen por ciertos lugares a determina- das horas del día.

Al cabo de mucho tiempo esto cambió y ya fueron las mujeres de la élite las que empezaron a maquillarse levemente.

Por la contra y como en Egipto, en Roma ambos sexos se pintaban, aunque solo los hombres y mujeres de las clases adine- radas contaban con un séquito de esclavos que les cuidaban y pintaban la piel perfectamente. Las clases bajas no tenían acce- so a muchos de los componen- tes para hacer el maquillaje por lo que utilizaban sedimentos de vino y pocas veces se pin- taban.

Siguiendo nuestro camino por la historia del pintalabios, en la época Medieval la Iglesia tuvo una gran influencia, esta pensaba que las mujeres maquilladas eran la “encarnación de satán” ( provenía de que la Iglesia consideraba la belleza natural que Dios había otorga- do a cada mujer como única) por lo que la cosmética estaba visto como algo inmoral, descortés o descarado, solo las mujeres de malvivir hacían uso de ella.

“En 1770 , incluso se propuso una ley por parte del parlamento británico en la que se debía señalar como brujas a las mujeres que se pintasen los labios, y se pedía la anu- lación de un matrimonio si la mujer se maquillaba antes del día de su boda.”

No fue hasta la época de la Reina Isabel I que puso el carmín rojo en boca de todos, ya que lo utilizaba a diario y este destacaba en su cara pálida, lo que lo hizo muy popular. (Como dato curioso, en su lecho de muerte, llevaba los labios pintados).

Toda esta parte de la historia del pintalabios, fue bastante cruel con el pintalabios. En 1770 , incluso se propuso una ley por parte del parlamento británico en la que se debía señalar como brujas a las mujeres que se pintasen los labios, y se pedía la anulación de un matrimonio si la mujer se maquillaba antes del día de su boda.

Ya posteriormente y mas a raíz del Renacimiento y la utilización del maquillaje (sobre todo en actrices y actores de la época en diversas obras) se popularizó la utilización del maquillaje a todos los niveles (en esta época era muy común la base de la piel blanca y la utilización de mucho colorete).

Llegando ya a los siglos XIX y XX, comentar como datos curiosos, que en 1890 el carmín comenzó a mezclarse con aceite y cera, siendo mejor acepta- do por las mujeres al considerarse que tenía un toque más natural y no tan fuerte.

Al nalizar el siglo XIX, Guerlain, una de las pocas compañías de cosméticos francesa, comenzó a producir pintala- bios como lo conocemos ac- tualmente.

El primer pintalabios comercial fue desarrollado en 1884 por especialistas en perfumes de París. La barra se cubría con un papel sedoso y se fabricaba con sebo de ciervo, aceite de ricino y cera de abeja (hasta la fecha, los pintalabios se hacían de forma casera en casa).

“Unas creían que llevar los labios pintados les serviría para evitar los gérmenes, mientras que otras intentaban emular a sus estrellas de cine favoritas.”

Al principio costó que la barra de labios se adentrase en el tocador de las mujeres acomodadas, pero en 1912 “las mujeres vestidas a la moda”, como narran los libros, comenzaron a aceptar el uso del pintalabios, aunque recomendaban emplearlo con cautela.

Cuando las mujeres comenza- ron a usar pintalabios delante de fotógrafos, permitieron que este tuviese mejor aceptación entre las féminas. Poco a poco se empezó a aprobar de nuevo el pintalabios durante la déca- da de 1920, como un modo de revelarse ante las normas sociales estipuladas.

Unas creían que llevar los labios pintados les serviría para evitar los gérmenes, mientras que otras intentaban emular a sus estrellas de cine favoritas.

“A las mujeres marines se les ofrecían pintalabios oficiales junto a consejos para aplicarse el maquillaje y lecciones de elegancia y etiqueta.”

Los pintalabios de color rojo oscuro fueron muy populares en esta década, en parte porque eran los preferidos por las actrices del cine en blanco y negro, ya que hacía destacar sus bocas frente a las cámaras.

En 1923 sucede un acontecimiento clave en la historia del pintalabios: fue patentado el primer pintalabios que se abría girando la base, ideado por James Bruce Mason Jr. en Nash- ville.

Durante los años de las guerras mundiales, aunque escaseaban ciertos elementos necesarios para su fabricación (petroleo y aceite de ricino), el pintalabios se puso de moda gracias a la industria del cine, que mostraba a sus actrices con los labios pintados como un complemento de belleza. También se consideraba parte del esfuerzo en la guerra, como una manera de alegrar la moral de los sol- dados que preferían ver a mujeres bellas y arregladas antes de partir al combate.

Siguiendo con la historia del pintalabios, a la par que las fábricas producían cada vez equipos más sofistica-
dos para la guerra, se implantaron lápices de labios en los vestidores para mejorar la productividad.

“Durante la década de 1950, el lápiz de labios se convirtió en algo común, un objeto que se vendía muchísimo y era indispensable para la mujer.”

En la década de 1940, Hazel Bishop (una química neoyorqui- na) creó el primer lápiz de labios de larga du- ración, de- nominado “sin man- cha”. Con la ayuda de Raymond Specter, un publicis- ta, el negocio de pintalabios de Hazel prosperó.

Damos un salto en la historia del pintalabios hasta los 70 y 80 en los que el pintalabios  se estableció como símbolo de rebelión también. Ambos sexos del mundo punk o rock llevaban los labios violetas o negros para expresar su inconformidad (anteriormente, sólo las actrices de películas de te- rror de la década de 1950 se pintaban los labios de negro) pero esta vez se generalizó de una manera más llamativa.

Aparecieron tonos naranja brillante, fucsia, cobres, coral, dorados y demás colores chillones. Se co- mercializaron lápices labiales traslúcidos brillantes y pegajosos con sabor a frutas dulces, en envases a bolillas y el brillo labial. Y ya en la década de los 90, los cosméticos facturaban más de 18.000 millones de dólares solo en Estados Unidos.

Sin duda toda una revolución que dura hasta el día de hoy y que nos permite sentirnos bellas y bellos cada día, con tan solo una pasada de color por una pequeña parte de nuestro cuerpo. Paloma Marin

 

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Paloma Marín

About Paloma Marín

Me he criado entre anticuarios, tiendas de segunda mano, mercados y todo tipo de lugares, donde van a parar tesoros de otro tiempo. Soy Licenciada en Historia-Arte y siento gran interés por la estética de los años 20 (los locos años 20) y los 50.

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Me he criado entre anticuarios, tiendas de segunda mano, mercados y todo tipo de lugares, donde van a parar tesoros de otro tiempo. Soy Licenciada en Historia-Arte y siento gran interés por la estética de los años 20 (los locos años 20) y los 50.




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